Juan Guerrero: La pequeñez humana


Oct 12, 2017 9:45 am
Publicado en: Opinión

 

 

Nos vimos por última vez en un congreso sobre “Literatura venezolana, hoy” en Ciudad Bolívar, a mediados de 1995. Tuve el privilegio de moderar una sesión donde se encontraban dos extraordinarios intelectuales de la literatura, como fueron Eugenio Montejo y Salvador Garmendia.

En mis años como asistente de cátedra en la escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, trabajé la obra literaria de Salvador Garmendia (1928-2001) quien representa la modernidad de la narrativa urbana venezolana.

Sin embargo, me interesa destacar un rasgo poco trabajado en su obra y que por estos tiempos se comienza a resaltar en nuestra literatura y se asume como característica social de importancia. Nos referimos a lo cotidiano y la cotidianidad.

El planteamiento inicial según el cual Garmendia introduce el tema de lo urbano como referente, no deja de ser cierto. También la alienación y enajenación de sus personajes, tal Mateo Martán, en Los pequeños seres (1959). Esto, junto con la soledad, son marcas literarias permanentes en su escritura.

Sin embargo, desde nuestra perspectiva, Salvador Garmendia utiliza lo urbano y una “ciudad” como elementos simbólicos, como especie de gigantesca escenografía a través de la cual deambulan sus personajes.

Si bien el tratamiento dado a sus personajes resalta por esa tendencia a la negación o contradicción de un cierto sujeto urbano que sin saberlo, intenta integrarse a la realidad urbana, esta lo rechaza o mejor; él (Mateo Martán) no tiene el más mínimo interés en hacerlo.

Por lo tanto, es la soledad –como resultado de esas contradicciones- la consecuencia de esa dinámica de un deambular, mientras sale de su casa, va al entierro de su jefe, lo sigue al cementerio, se cuela en un circo y termina entre un burdel y después, frente a su casa que casi ni reconoce.

Sin darse cuenta Garmendia se adelanta a los tiempos e introduce el tema de lo cotidiano y la cotidianidad como elementos característicos que se harán trascendentes 25 años después en nuestra literatura.

Los seres protagónicos de estos últimos tiempos cada vez más salen de las catacumbas de esas esquinas del mundo, llámense bares, prostíbulos, funerarias, escuelas, oficinas, clubes, iglesias, donde aquello que interesa es el instante que se vive, se experimenta, resalta y regresa a su anonimato. Después queda la memoria donde todos los tiempos se juntan y los espacios desaparecen.

Y en eso andamos por estos tiempos. Tiempos donde lo permanente aburre y cansa. El hombre de estos años prefiere vivir sin nombre, acaso un número en su libreta de identificación o apenas un seudónimo. Por eso cada vez importa más darnos a conocer por la Internet con un nickname y el trazo de un avatar como imagen verosímil, más de aquello que pretendemos ser y menos de esto que somos.

Por eso resulta tan marcado lo urbano-universal garmendiano donde los rostros pasan  y los protagonistas se van transformando en referentes, casi como agentes cargados de símbolos, actantes que se esfuman en la semioscuridad de las calles y se continúan en la realidad de tiempo y memoria; esa válida verosimilitud.

Quedan los recuerdos donde los grandes acontecimientos de ese anónimo sujeto continúan existiendo, padeciendo de soledad y tiempo. Esa cotidianidad es impulso que se valida en la medida que se hacen notorias sus pequeñas e insignificantes historias. Porque es la fugacidad de los encuentros y su estela de posibilidades inalcanzadas, lo que importa y atrae.

No creo que el tiempo que nos quede sea el de grandes acontecimientos y menos, “hechos históricos”, como suelen llamar los políticos de pacotilla a todo “acto cultural”, llámese desfile del 5 de julio o inauguración de una granja avícola. La naturaleza humana ha descendido otro escalón para acercarse a eso llamado posthumano.

Lo anónimo como sujeto protagónico es el escenario ideal donde discurren, en la absoluta cotidianidad, las pequeñas e insignificantes historias que alimentan nuestra pequeñez de sujetos absolutamente intrascendentes.

(*)  camilodeasí[email protected]   TW @camilodeasís   IG @camilodeasís1



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