Vota, que algo queda, por Alfredo Maldonado


 

Todas las personas con las cuales he conversado -que no son tantas, no soy Datanálisis, DatinCorp ni Hinterlaces- hablan de varios temas, todos quejas y lamentos por el desastre nacional con no demasiadas variedades de interpretación. Pero todos han coincidido en que el chavismo hará trampas este domingo 10 de diciembre. Suspicacias de esas personas, todas opositoras al chavismo desde tiempos poco recordados, pero no tan lejanos, y que a estas alturas van siendo también deprimentemente escépticas respecto a la dirigencia de la oposición que ya no es ni mesa ni unidad ni democrática.

 

Son pocos los amigos activamente chavistas que tengo, quizás estaría mejor si tuviera más. Uno, cuyo nombre no voy a mencionar, abogado y amigo desde tiempos universitarios, que cambió, o desató complejos, en sus cargos de importancia y dejó de ser amigo para convertirse en simple recuerdo que se esfuma. Otro, publicista o comunicador y ahora intelectual del chavismo, que entiendo ocupa niveles en el oficialismo y a quien di trabajo y afecto cuando los necesitó, aunque reconozco que básicamente por cariño a su suegro, o sea, que no me debe tanto como para que su distanciamiento me ofenda. Dos más, más beneficiarios que ideológicos, que se portaron bien pero no he vuelto a saber de ellos.

 

Diferentes son los dos Robertos, uno de tiempos de publicidad y el otro compañero de Analítica, quienes son amables y es de agradecérselo, aunque ni me deben ni les he pedido favores. Pero los estimo. Y no más, hasta donde puedo saber, aunque alguno más habrá por allí.

 

El problema de los amigos opuestos al chavismo y a su decadencia de los últimos años, el madurismo, es que, además de que este Gobierno haya logrado llevar el desastre nacional a niveles de tragedia griega -aunque la mayoría de los militantes rojos no tiene idea de la literatura clásica ni de nada que vaya más allá de las recopilaciones de temas del fallecido Hugo Chávez-, lo que más teme es ser echado del poder, y hará lo que haya que hacer para permanecer atrincherado entre Fuerte Tiuna y Miraflores.

 

Por tal razón, como lo que en realidad le va quedando al madurismo tras la creciente pérdida de popularidad y confianza ciudadanas es el atrincheramiento político y militar, controlar las alcaldías es esencial, arreglado ya el asunto de las gobernaciones. En la versión oficial, y en las narices de una dirigencia opositora que viaja a conversaciones caribeñas para nada, el país es actualmente un mapa rojo con algunas picaduras mas o menos blancas.

 

Cunde así la certeza no sólo de que hicieron trampa en las elecciones de gobernadores, sino que la volverán a hacer para asegurarse el mapa rojo municipal. Usted puede creerlo o no, pero suena lógico especialmente después de la descascarada comedieta de la oposición que, tras alzar al país a mediados de este año, dio un sorprendente frenazo, se echó al bolsillo de los olvidos la aprobación masiva del 16 de julio y se lanzó con banderas desplegadas a perder gobernaciones. Si el oficialismo hizo fraude, lo hizo frente a los partidos de la oposición, ellos y sus representantes estaban ahí, usted y yo no.

 

Lo malo de todo ese control, fraude, trampa, astucia o como quiera usted llamarlo, es que garantizará los cargos de la estructura de poder, pero no el poder real. Para tener fortaleza política no basta, se ha demostrado y se sigue demostrando, dominar los medios de comunicación propios y privados, ni lanzar promesas al aire como globos para niños, ni inventarse nuevas monedas virtuales a falta de dinero en efectivo, de comida, medicamentos, seguridad y crecimiento. Cuando se pierde la fe de los ciudadanos de todos los niveles y todo el mundo coincide que cada nuevo año será peor que el anterior, eso peor no es pesimismo sino premonición.

 

Por eso los ciudadanos deben votar en estas elecciones municipales, aunque sólo sea para complicarles la vida a los militantes de la trampa.



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