La tartamudez, mi mayor bendición; por Alejandro Quiñones


Mi pasión por la comunicación estuvo ligada por muchos años a una limitación, la tartamudez. No recuerdo la edad en la que comencé a tartamudear, pero mis padres me dijeron que fue alrededor de los cuatro años, tal vez producto de su separación; en fin, no tengo memoria del inicio de una condición que por muchos años me causó miedo, frustración y vergüenza, mucho más al sentir que tal condición limitaba mis capacidades de expresión y comunicación innatas, habilidad que reconozco como fundamental en el desarrollo de todo individuo, y para la cual Dios me dio un don especial que también reconozco. Yo me atrevo a decir que el éxito en nuestros tiempos depende en gran medida de nuestra capacidad para comunicarnos y relacionarnos con las demás personas.

Esa ha sido de una de las grandes batallas que me ha tocado librar, hasta el punto de adoptar actitudes que no formaban parte de mi esencia; por ejemplo, en la medida en que fui creciendo comencé a ser más consciente de esa condición y a limitar en lo posible toda acción que tuviera que ver con hablar con las demás personas. Mi familia me reprochaba el hecho de no querer hablar por teléfono y es que recuerdo que me daba pánico y vergüenza hacerlo. Sentía que las personas me juzgaban y se desesperaban al escuchar esa serie de interrupciones en el auricular, hasta que inconsciente o conscientemente evité las llamadas telefónicas. Imagino que evitar era el camino más rápido y menos doloroso; las personas más cercanas a mí, por desconocimiento, se burlaban, o me apuraban, o me corregían, o me completaban las frases. Me recomendaban que me relajara, generando ese sentimiento de “yo soy el culpable”. De verdad deseaba cambiar desesperadamente, pero no sabía cómo hacerlo. Probé en secreto colocarme un lápiz debajo de la lengua pronunciando palabras una detrás de otra, hablaba frente al espejo, respiraba pausadamente y hablaba lento pero la verdad, ninguna de esas técnicas me funcionaba.

Mi frustración aumentaba, mucho más en la adultez cuando se debe enfrentar la vida profesional y donde la tartamudez puede interpretarse como un síntoma de inseguridad, emocionalidad extrema o debilidad comunicacional. Esto se tradujo en inconstancia para completar tareas o metas, no por falta de norte, sino porque curiosamente mis primeros trabajos estuvieron relacionados con la venta y las relaciones personales, porque sabía en el fondo que era muy bueno para eso. El miedo que me causaba visitar clientes constantemente terminaba agotando mi lado emocional.

A pesar de todo, ahora siento que, aunque vivir con la condición de la tartamudez tiene muchos retos, también tiene sus bendiciones, ya que uno aprende a valorar de manera especial la habilidad de comunicación, habilidad que muchos dan por sentado pero que tiene un enorme poder e impacto sobre las demás personas. Un líder no puede influenciar sobre otros si no la desarrolla, así de simple.

Por muchos años quise emprender y crear una marca personal de educación financiera; quería ayudar a muchas personas entregándoles herramientas que le permitieran generar prosperidad y abundancia en sus vidas, pero me daba pánico solo pensar enfrentarme a una gira de medios, o estar frente a un grupo de personas haciendo una disertación. Imaginen que el segundo miedo más grande en las personas es hablar en público, después del miedo a la muerte. Ahora visualicen el temor que siente una persona tartamuda al hablar frente a un grupo de personas. Claro que muchas veces lo soñé y quise dar los primeros pasos, pero el miedo me paralizaba. Un día tomé la gran decisión de enfrentar ese miedo y de entender que no sería el mensajero sino el mensaje lo que la gente iba a valorar, decidí trascender a pesar de mis limitaciones, decidí aceptarme y avanzar, y luché por, hacer de mi pasión una forma de vida. Hoy el mensaje no es financiero o de dinero, es sobre LA IMPORTANCIA QUE TIENE VIVIR TU PASIÓN A PESAR DE TUS LIMITACIONES.

Cuando miro hacia atrás, solo me arrepiento de no haberlo intentado antes, pero todo tiene su momento. Ahora, al día de hoy, a dos años de haber tomado esa decisión, agradezco a Dios la oportunidad de haber llevado información, contenido y educación financiera a más de tres mil personas a través de todas nuestras actividades de aprendizaje; agradezco contar con más de veintitrés mil seguidores en nuestras redes y haber asistido a un gran número de entrevistas. He sido invitado a los programas de radio y televisión más relevantes de Venezuela. Estas líneas no buscan enaltecer nuestros logros, sino inspirarlos a entender que todos tenemos limitaciones de cualquier índole, pero solo existe una debilidad que puede limitar tu crecimiento: LA FALTA DE CONFIANZA EN TI MISMO. TEN LA CERTEZA DE QUE CUANDO TE ACEPTAS TAL Y COMO ERES ES CUANDO PUEDES CAMBIAR.

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