Por qué el Alto Comisionado le cree a Beatriz Borges


 

Le cree, como le creen otras instancias internacionales preocupadas por la crisis humanitaria en Venezuela y los Derechos Humanos de su gente, porque la abogada Beatriz Borges y su equipo en el Centro de Justicia y Paz (Cepaz) hacen un trabajo sostenido desde 2014, documentan el horror e informan a la gente para empoderarla. Saben que información es poder. La ONG es reconocida por sus pares en otras partes del mundo y trabaja en red,  única forma de construir fuerza y protegerse ante las amenazas del gobierno. “Hay que pensar en utopías prácticas. Hay que comprometerse con un ambiente de tolerancia y convivencia donde todos podamos ser respetados por la persona que somos”, dice Borges

 

SEBASTIÁN DE LA NUEZ

@sdelanuez

“Estudiar Derecho hoy en Venezuela es un acto de rebeldía”, les dice a sus alumnos la profesora Beatriz Borges. Es una mujer muy bella, con su rostro siempre serio ante el cual es imposible permitirse broma alguna. Actúa ante la desesperanza y la desmovilización, y lo hace a través de un mecanismo para dar repercusión a las acciones a favor de los Derechos Humanos: ese mecanismo hace que el mundo esté al tanto de lo que ocurre en Venezuela.

Su empeño es, desde lo local, empoderar a la gente, sobre todo a las mujeres, eje transversal de su trabajo que abarca paz, democracia y activismo ciudadano. Hace falta informar e informarse. Eso lo vio claro cuando, dando talleres aquí y allá, le comentaban madres que han sufrido violencia de género: “Quiero saber más, quiero trabajar por los Derechos Humanos”.

Los informes del Centro de Justicia y Paz, Cepaz, su organización, han sido citados en los últimos tres documentos que han aparecido cobre Venezuela emanados de la OEA, de la Comisión Interamericana y del Alto Comisionado de Naciones Unidas.

—¿Cuándo te diste cuenta de que tenías esa vocación por trabajar a favor de los Derechos Humanos de la gente?

—En mi vocación social la Universidad Católica [Andrés Bello] tuvo mucho que ver, pero yo, desde el colegio, quería trabajar por los demás, recuerdo que fui presidenta del centro de estudiantes en el Santa Rosa de Lima, seguí después con el de la Universidad y en el consejo de Facultad también. Pero la tuve bien clara cuando fuimos a hacer una actividad social en el barrio Las Brisas de Petare, un sábado muy temprano, para dar asistencia jurídica. Había una fila de gente esperando para eso, y yo, estudiante, me di cuenta de que con el conocimiento que estaba obteniendo en la Universidad podía ayudar a muchas personas sin recursos, con problemas: ¡lo que sabía podía ayudar a otros!

—¿Cómo te sentiste?

—Me sentí prendada con mi profesión. Encontré un puente entre el Derecho y los Derechos Humanos  para ayudar. Estuve en el CDH de la UCAB y, frente al incremento de la represión, ante una sociedad desmovilizada, me propuse crear algo, y lo hicimos en 2014.

 

—¿Cuáles son las ventajas de las redes?

—Son necesarias no solo para poder dar más impacto a nuestras acciones sino para protegernos. Redac [Red de Activistas Ciudadanos por los Derechos Humanos] es una red de empoderamiento ciudadano: personas y organizaciones que se articulan para defender los Derechos Humanos en Venezuela, pero ha trascendido las fronteras y por eso ahora hay miembros de la Redac en diferentes partes del mundo. Otro tema es la lucha por la democracia: hemos documentado cómo se ha deteriorado, cómo la hemos perdido. Y cómo estamos trabajando para su rescate.

—Pero, ¿quiénes conforman específicamente Cepaz?

—Tres profesionales la fundamos, y en total apenas hay un equipo de siete personas, pero en cuatro años hemos desarrollado un trabajo comprometido y una metodología. Esta red ya tiene más de mil 600 activistas y funcionamos como una comunidad conectada y activa.

—¿Quiénes han sido influyentes en tu formación?

—El profesor Ramiro Ávila Santamaría, quien me dio clases en la especialización que hice en la universidad andina Simón Bolívar. Hablaba de la dimensión humana y filosófica de los DDHH, más allá de las normas: como una comprensión de las relaciones humanas y el comportamiento del poder. Hay que pensar en utopías prácticas. Hay que comprometerse con un ambiente de tolerancia y convivencia donde todos podamos ser respetados por la persona que somos.

—Son muchas aristas que toca Cepaz. ¿Su eje cuál es?

—Son tres temas: paz, democracia y activismo ciudadano. El tema de la mujer lo vemos como transversal. Todo lo que hacemos es por defender la paz, la democracia y el activismo ciudadano como una forma de lograr y consolidar esos derechos.

—¿Qué ventajas hay al conectarse con organizaciones en el exterior?

—Las organizaciones de DDHH hacemos una labor de incidencia a nivel nacional e internacional. En este contexto ha sido clave poder articularnos con otras organizaciones, por ejemplo ahora estamos trabajando con colombianas en torno al tema de las mujeres migrantes; también los derechos políticos, sobre todo el derecho al voto. Y es mucho el riesgo que corremos, el gobierno debe tomar en cuenta que es responsabilidad del Estado garantizar y proteger a los defensores de Derechos Humanos. Por eso es necesario que otras organizaciones sean nuestra voz en el exterior y conozcan  de primera mano lo que sucede en Venezuela. ¿Por qué? Porque para nosotros se hace cada vez más riesgoso actuar aquí. Es muy complejo el desafío. Antes ibas a los tribunales, ejercías las acciones; ahora no lo dejas de hacer pero sabes que es importante llegar afuera para poder mostrar los casos, porque si hay algo que el gobierno busca es la desinformación.

—Eso es importante, ¿no? Que se sepa en el mundo.

—Es decir, no hay información oficial y la única que hay es la que ofrecemos desde la sociedad civil, y es básicamente la que los organismos internacionales buscan para demostrar lo que está pasando.

—¿Qué cosas han citado específicamente esos documentos del Alto Comisionado, de la CIDH y de la OEA de los informes de ustedes?

—En el caso de Cepaz hemos hecho seguimiento al proceso de debilitamiento de la democracia, y a la persecución; y también sobre cómo afecta la crisis humanitaria a las mujeres. Eso ha sido recogido por las instancias internacionales como parte de ese diálogo que tenemos abierto con ellas. Es una forma de obtener insumos para tomar decisiones puesto que, por ejemplo, al Alto Comisionado no lo dejan entrar a Venezuela. No hay cifras oficiales. No hay medios de comunicación, entonces levantamos nosotros la información a través de nuestro contacto con las víctimas y nuestro trabajo de campo. Con un enfoque de Derechos. De hecho, la labor de documentación es fundamental.

—Hay otros países que sufren guerras civiles y hambrunas, ¿cómo crees que ven desde afuera el caso de Venezuela?

—Es un caso inédito. En Venezuela la crisis humanitaria no es producto de un conflicto armado ni de un desastre natural, sino de la ruptura de la institucionalidad, y además se da como una política deliberada en detrimento de los Derechos Humanos de los venezolanos. Entre las crisis migratorias que se dan a nivel mundial, nosotros estamos entre los cuatro primeros países; los otros tres están en guerra. Es una crisis humanitaria compleja porque hay factores diferentes a los habituales.

—Entonces, ¿qué le espera al país?

—Es un gran desafío para quienes estamos aquí, pero seguimos creyendo en que hay que trabajar por recuperarnos. El cambio político va a requerir de un aporte importante desde el punto de vista de la justicia transicional: la búsqueda de la verdad y la reparación por las violaciones a los Derechos Humanos. Eso nos permitirá construir una nueva Venezuela, una Venezuela que lidie con su pasado sabiendo que estamos trabajando por las nuevas generaciones. Sigo dando clases y les digo a mis alumnos que estudiar Derecho hoy en Venezuela es un acto de rebeldía. Y que les tocó el desafío de prepararse para un país en el que esperamos que haya una transición y una recuperación de la democracia. Y eso vale para todos los que estudian hoy: tendrán que reconstruir el país.

—Entre los valores de tu organización está el de la tolerancia. Pero tu trabajo, todo el tiempo, es responderle a la intolerancia. ¿Cómo lo llevas?

—Así es, ese es mi trabajo, y te voy a explicar cómo tratamos de hacerlo: entendemos la paz como un derecho donde el Estado tiene responsabilidad. Pero los ciudadanos deben generar una conducta, una cultura, para que ese derecho sea posible en una sociedad. O sea, depende de lo que haga el Estado pero también de cómo los ciudadanos asumamos ese derecho. La paz no es ausencia de conflicto, es poder desarrollar herramientas y habilidades para manejar el conflicto y para entender la diversidad. La forma de trabajar la tolerancia es saber ponerme en los zapatos del otro y entenderlo. Eso es también la base de los Derechos Humanos. El cambio político no debe significar quitar a unas personas y poner otras sino un cambio de visión de país. Y para poder hacerlo debes entender al otro, no anularlo. Que, aun cuando yo no piense como tú, podamos coexistir y respetarnos. Por eso será difícil para Venezuela después de tanta venganza y dolor, el perdón. Pero no puede haber perdón sin saberse la verdad y sin hacer justicia.

—El gobierno chavista o madurista siempre se ha ufanado de sus progresos por la igualdad de género, pero uno lo que ve es que utilizan a las mujeres en los papeles más viles. ¿Qué opinas tú?

—La política feminista es completamente falsa y te doy un ejemplo: uno de los grandes logros del feminismo fue que las mujeres controlaran si querían tener hijos o no, a través de los métodos anticonceptivos. En Venezuela tenemos un noventa por ciento de escasez de anticonceptivos. No hay pastillas. La propaganda que hace el Estado sobre el parto humanizado, bueno, fíjate: entre 2015 y 2016 aumentó 65 por ciento la mortalidad materna; tenemos los más altos índices de embarazo adolescente. Las mujeres son las que deben hacer colas para acceder a los alimentos, y sus caras son las mismas que usa el gobierno para sus mecanismos de control social. Los casos por violaciones a los Derechos Humanos de la mujer por razones de género (feminicidio, violencia económica, violencia psicológica) llegan a 99 por ciento de impunidad. Además de que no hay ni una cifra pública que te permitan diagnosticar las problemáticas. Hay un informe que hicimos, “Mujeres al límite”, que es aterrador. En ese informe se trata también la esclavitud moderna: las mujeres venezolanas (pero también los hombres), por la misma crisis humanitaria son presa fácil de las redes internacionales de trata que las prostituyen, se sabe de mafias de este tipo operando en sitios como Panamá, México y España, pero también en otros lugares. Tampoco hay cifras oficiales al respecto, pero lo último constatado es que, durante los dos últimos años hasta 2017, se había incrementado este comercio en 300 por ciento.

 

NOTA
Para mayor información el lector puede consultar la página oficial de Cepaz (https://cepaz.org.ve/). Allí hay una herramienta de denuncia, “DENÚNCIALO YA”, que los ciudadanos deberían utilizar.

 

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Fuente original Runrunes

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