¿Por qué sigo en Venezuela?


Foto: Caraota Digital

Este fin de semana tuve la oportunidad de ser expositor en la décima primera edición de la Universidad de la Libertad, en Quito, Ecuador, iniciativa del Instituto Político para la Libertad (IPL), de Perú, en la que un importante grupo de jóvenes, tanto del país anfitrión como de otros países, se reúnen durante tres intensos días de debate en ideas y valores afines a la democracia, los derechos humanos y la libertad.

Habiendo hecho ediciones anteriores en Haití, Venezuela y Bolivia (es decir, en países que atraviesan difíciles contextos en sus diferentes aspectos), Ecuador no fue la excepción de una amena y fructífera conversación permanente entre quienes participaron en esta edición, pero también entre los diferentes profesores y expositores invitados, de diferentes partes de América Latina y con una importante y reconocida trayectoria. Como ex becario de la Universidad de la Libertad, y ahora como expositor, no puedo sino estar agradecido con el IPL por honrarme con esta invitación a contar una historia y a compartir ideas.

Comienzo este artículo explicando esto, porque me correspondió hablar sobre la situación de Venezuela, desde una perspectiva de los derechos humanos, pero también desde el análisis político. Entre las caras de sorpresa y de pesar, pero de solidaridad, fueron muchas las reflexiones que se suscitaron a partir de esta jornada. No ahondaré demasiado en lo que fue mi presentación, no sólo por ser sabida, sino porque quiero enfocarme en la pregunta que, para mí, hizo que todo valiera la pena, sobre todo proviniendo de estos jóvenes de toda la región: “¿Por qué sigues en Venezuela?”

La verdad es que esa es una respuesta que normalmente se tiene preestablecida y parece simple, pero la verdad es que no lo es –y en esta oportunidad menos, en este contexto en el que montones de miradas, entusiastas e inspiradas por la lucha que desde Venezuela estamos dando, esperaban con ansias una respuesta–.

La he respondido en otras oportunidades, pero esta vez fue distinto. De pronto se me vino a la mente todo aquello que hemos perdido, pero también por todo aquello que luchamos, incluso sin haberlo conocido, como lo es la democracia y libertad. Pensé en mi familia que se ha ido, en mis amigos, en la cantidad de despedidas y de incertidumbres, pero también en quienes seguimos dando lo mejor de nosotros para lograr un cambio cuanto antes. Recordé que es tan valioso quien se va, como quien se queda; que todos podemos aportar desde nuestros ámbitos y desde nuestros sueños y proyectos; pero también recorría mi mente la idea de que quien decida quedarse, debe hacerlo para luchar.

Estas ideas antecedieron mi respuesta, que salió desde la sinceridad de quien no se rinde: sigo en Venezuela por terquedad; terquedad de no querer dejarle el país a quienes lo han destruido desde el principio. Me niego a creer que todo está perdido, que somos una Venezuela resignada y residual y que más puede el mal que el bien de quienes amamos profundamente nuestro país.

Pocas veces se analiza en frío esto, porque aunque es sincera, no deja de ser una respuesta dura. Siempre hay motivos para luchar y para quedarse, pero cuando se piensa con calma, aún conscientes de los riesgos, las amenazas y las dudas, siempre termina ganando la opción de seguir y luchar.

Asumo que es la tarea que, como generación, nos tocó. Lo asumo de la misma manera en que digo que hacer política en la Venezuela de hoy es un acto de legítima defensa frente al abuso y a la oscuridad. Quienes hemos emprendido el reto de permanecer y luchar, sabemos que cada día cuenta; dedicamos todos los días a luchar y a contribuir en la construcción de ese país que, aunque nunca lo hemos conocido, lo anhelamos y lo idealizamos, porque creemos en la libertad y en lo poderosa que puede ser para traer una Venezuela próspera y desarrollada.

Argumenté, expliqué, me sinceré frente a más de 30 jóvenes que esperaban una respuesta. Ellos, entre los aplausos y la inquietud, saben que, de lo que hagan, dependerá cuán fuerte podrá ser la democracia en sus países; saben la responsabilidad que tienen como generación y no están dispuestos a rendirse.

Fue una conversación extraordinaria, entre jóvenes que, más allá de los sueños y aspiraciones individuales, compartimos valores y experiencias que nos hacen reflexionar de lo mucho que podemos hacer.

Ante la pregunta “¿por qué sigues en Venezuela?”, seguiré respondiendo que sigo por la terquedad del que no se rinde, del que quiere crecer y desarrollarse en su país y del que no permitirá jamás que le arrebaten el país y los sueños que en él aspiramos a que se hagan realidad. Se trata de la libertad.

Por eso, sigo en Venezuela.

Twitter: @Urruchurtu

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