“La política es sucia” y otras falacias malditas || Por: Pedro Antonio De Mendonca


Foto: Cortesía

Junto con el mamemimomú y la Señal de la Cruz a los venezolanos nos enseñan en nuestras casas desde niños que la política es sucia. Es una sentencia que ha modelado de forma negativa el involucramiento de los honestos, los responsables y los que tienen vocación de servicio con la toma de decisiones públicas. Por pensar así, los venezolanos de bien les han dejado la política a los sucios, a los perezosos y a los mediocres. Borrachos sin preparación profesional en Miraflores, asesinos en gobernaciones y extorsionadores en alcaldías.  Y aquí hemos llegado: a un país sin luz ni agua y penetrado por mafias de todo el planeta. «La política es sucia» ha sido un marasmo que ha taraceado la cultura política venezolana con oportunismo, complejos y atraso. Pero no es la única, aquí hay falacias malditas como arroz…

De “la política es sucia” es prima “los venezolanos son como la campana”, es decir, que les gusta que le den y que le den. Una falacia que ha excusado a los malandros y resentidos a los que se les ha dejado la política para que limiten sus campañas y gestión a dar tanques de agua y bolsas de comida en barrios. Con este prejuicio han confundido créditos con favores y actos solidarios con relaciones parasitarias. Por pensar que “los venezolanos son como la campana” se ofrecen “todos los derechos para todas las personas” sin incentivar al cumplimiento cabal de los deberes.

Los apóstoles de estas falacias, desde luego, también han repetido que en Venezuela es imposible la instalación de un gobierno liberal porque, como si fuera poco, “a Venezuela le gusta es un militar que imponga el orden” y porque “los venezolanos son ignorantes”.

La política no es sucia, es la forma más digna y ejemplar que nuestra civilización occidental ha creado para dirimir y gestionar los asuntos que atañen a los individuos como miembros de un grupo. Los venezolanos no somos una campana; somos gente trabajadora que ha entendido que la regaladera es la autopista exprés a la miseria.

Después de años de una infraestructura de falacias que ha soportado a una política sin ética ni principios, comienzan hoy a derrumbarse muchos muros. Y ese es el principal quiebre que se da hoy, en 2019, en Venezuela, con gente decente y con reputación de titanio activándose en la política; con productores y comerciantes clamando oportunidades para sacar sus negocios adelante y prosperar por sí mismos; con ciudadanos condenando la presencia de un militar en la función pública. Es una fase histórica interesantísima de un país que empieza a entender que la política deben hacerla los limpios para que sea limpia, que la mejor forma de lucrarse es trabajando duro y que el liberalismo es el único sistema de ideas que ha llevado avance, prosperidad y felicidad a las naciones. Las falacias malditas salen de nuestro territorio como el Orinoco al Atlántico. Es un país que ha elegido desde sus tuétanos, por fin, la ruta a la libertad.


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