El desgobierno de Maduro potencia la anomia social


Para entender el fenómeno de la anomia social conectado a la realidad venezolana es significativo comprender y hacer aprehensión de los referentes teóricos y moverse dentro de las visiones de los sociólogos Parsons y Merton.

Parsons concibe la anomia como “desorganización social”, y pone énfasis además en sus “correlatos psicológicos”, esto es, un estado de inseguridad generalizada que se expresa en un alto grado de ansiedad y agresión que afecta a los individuos. “Tal vez puede caracterizarse más
sencillamente la anomia como el estado en que un gran número de individuos carece en grado considerable de la especie de integración con las pautas institucionales estables que es esencial para su propia estabilidad personal y para el funcionamiento sin tropiezos del sistema social
organizado”.

Merton, en su obra Social Theory and Social Structure publicada en 1957, sostiene que la anomia es producto de la fragmentación de la estructura cultural de la sociedad. Debido a la transformación de la sociedad y al paso de una tradicional a otra moderna, se ha producido la desorganización de las normas culturales, con un desfase entre los objetivos establecidos como legítimos y los medios considerados como tales para alcanzarlos, jugando en dicho proceso un papel trascendente las variables socioeconómicas.

A lo largo de su vida y a partir de la socialización, los individuos van aprendiendo qué fines son los que como miembro de su sociedad debe alcanzar y qué medios son legítimos para hacerlo. Por diversas situaciones, sin embargo, se puede generar una desorganización cultural donde los
individuos se encuentren atrapados en la imposibilidad de alcanzar los fines ideales ante la verificación de la falta de herramientas necesarias para hacerlo.

Como consecuencia, y ante el sentimiento de frustración que ello les genera, se fomenta en los individuos la búsqueda de alternativas para tratar de reducir dicho sentimiento, ya sea a través del establecimiento de nuevos fines o de nuevas formas para alcanzar los definidos por la sociedad. Esta situación es producto de cambios sociales y se presenta a nivel individual y no grupal.

En nuestro contexto, la anomia social es un inducido y potenciado fenómeno por la revolución bolivariana que se manifiesta a diario en el estado anímico y en el comportamiento social del grupo afectado, la mayoría de los venezolanos. Es la respuesta a la desesperanza, ausencia de fe y a las
desigualdades políticas, abuso de poder, violaciones a los derechos humanos, sociales y económicos; conectadas de manera directa a la corrupción, al nepotismo, a la injusticia del actual gobierno revolucionario.

En otras palabras, la anomia social ha transfigurado el carácter social de los venezolanos y le ha originado modelos de conducta con ciertas complejidades que se producen en la ideología dominante y se imponen desde el gobierno de Nicolás Maduro y sus instituciones.

Mientras los líderes políticos de la oposición aún continúan trazando varios objetivos y creando constructos para alcanzar el cambio, Maduro y su equipo político estratégicamente tienen toda la intencionalidad de potenciar el fenómeno de la anomia, apuntan hacia lo mediático para continuar su plan de la psicología inversa. Para nadie es un secreto que la mayoría de los venezolanos viven un eterno estrés, desanimados, obstinados, agobiados por la crisis económica, política, social, valores, fatigados de los discursos oficialistas apuntalados donde lo malo es bueno y lo bueno es lo malo… ¡totalmente desmoralizadores!

En síntesis, la anomia social se articula a la visión sesgada del gobierno de Maduro, cuyo desarrollo depende de aprovechar en su favor lo “legal”, controlar a su antojo lo económico, los CLAP, las misiones, las ayudas humanitarias, presupuestos, los proyectos sociales, los proyectos de salud, los proyectos de educación, las elecciones… es decir, el todo sobre sus partes.

Maduro mantiene sus estrategias y tácticas bien orientadas hacia una estabilización que le permitiera mantenerse en el gobierno nacional por un poco más de tiempo. No obstante, es revelador vincular las estrategias y tácticas de Maduro con la potenciación del fenómeno de la anomia social como una de sus últimas esperanzas para aferrarse al poder en gran minoría.
Solo un 12,2 % apoya la gestión o desgobierno de Nicolás.

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