Solo con el cese de la usurpación salvaremos vidas


En abril de 2018, en la Cámara de Representantes de Colombia, siendo su presidente el diputado Rodrigo Lara, pronuncié un discurso en nombre de la Asamblea Nacional de Venezuela, de la Unidad opositora y de mi fracción parlamentaria, AD.

En dicha intervención denuncié que “Venezuela vive una compleja debacle económica, política y social que resulta ser considerada la peor que hemos sufrido desde la Independencia. Su magnitud es tal, que para fines analíticos podría definirse como polimorfa, debido a la cantidad de
variables que están relacionados estructuralmente en el desplome de la
nación.

Con fines analíticos y de síntesis a propósito de esta oportunidad que me brindan de poder exponer la realidad de nuestra nación, creemos que la catástrofe polimorfa del país puede ser abordada a través de cinco (5) macrofactores específicos, a saber: la catástrofe alimentaria y nutricional,
sanitaria, económica y productiva, migratoria, política e institucional”.

Más adelante, señalé que “nuestra catástrofe alimentaria y nutricional, podemos caracterizarla como la de una emergencia humanitaria, de acuerdo a la Escala de Situaciones Humanitarias de la Ocha (Oficina de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios), y esta a su vez es el reflejo máximo e integral del colapso integral productivo y social de nuestro país”.

Algunos datos lo atestiguan: “14,29% de los niños menores de 5 años están afectados por desnutrición leve, moderada y severa. Cifra que equivales a 320.000 niños o lo que es lo mismo el 22,85 % del total de niños venezolanos de esa edad. Uno de cada cinco niños de mi país está marcado de por vida por los efectos de la desnutrición, que les mermará sus capacidades
intelectuales entre 20 % y 45 % del potencial de un niño bien nutrido en la primera infancia.

De estos, 9,23 % está afectado por desnutrición severa que implica un elevado riesgo de fallecimiento en las siguientes seis semanas posteriores a las mediciones”. Hice un llamado para que América Latina hiciera evolucionar las cláusulas democráticas de sus organismos de integración, enfocadas en garantizar la sucesión legítima de la conducción del Poder Ejecutivo en Venezuela. Igual intervención tuve en la reunión del Grupo de Lima que se efectuó en
México en abril de 2018, donde entregué el informe correspondiente.

Hago mención de esta intervención porque demuestra la función internacional parlamentaria que hemos venido cumpliendo y que nos ha traído persecuciones y agresiones de diversos tipos por parte del régimen usurpador de Nicolás maduro.

De hecho, la Asamblea Nacional ha denunciado la crisis en salud, que pudo ser revertida. Hoy, por culpa de la indolencia y corrupción de este régimen usurpador, esa crisis se convirtió en una emergencia humanitaria compleja que ha devastado a Venezuela. Hoy son siete millones de compatriotas los que necesitan ayuda humanitaria y todos los días la cifra aumenta.Las plantas eléctricas, los potabilizadores de agua, los kits hospitalarios, serán insuficientes para atender esta población que requiere asistencia.

En lo que va de 2019, 15 niños del hospital infantil J. M. de los Ríos han fallecido por falta de insumos, medicamentos y trasplantes; y al menos 26 niños están sentenciados a morir por decisión del régimen usurpador. Es de recalcar que la ayuda humanitaria que ha llegado al país es solo un
paliativo para la emergencia humanitaria compleja que arropa a Venezuela. Para atenderla con eficacia y prontitud es necesario que Maduro salga del poder.

Los usurpadores se vanaglorian de reunirse con Raúl Castro y Díaz Canel, solo para repartirse el poder, el petróleo y otros recursos y sostenerse en el poder, a menos que sepan que el tiempo les llegó y estén preparando su salida del poder. Pero entretanto, los usurpadores nos han llevado a padecer una emergencia humanitaria compleja sin precedentes en la historia.

Hoy, en Venezuela hay más de 617.000 personas que han contraído malaria, enfermedad que había sido erradicada hace décadas en Venezuela por los gobiernos democráticos. Más de 3.500 venezolanos están en riesgo de perder la vida porque el usurpador mayor Nicolás Maduro decidió suspender el Programa Nacional de Procura de Órganos.

Siete millones de venezolanos requieren ayuda humanitaria y eso no lo palpa el usurpador, que solo quiere mantenerse en el poder y decretar prácticamente la muerte de millones venezolanos por razones políticas, de sexo, edad e ideología. Esto configura un genocidio, una grave violación de los derechos humanos.

Por las razones arriba descritas, la Asamblea Nacional alertó a la comunidad internacional sobre el riesgo de catástrofe humanitaria en el país por el agravamiento de la emergencia humanitaria compleja. Alertamos en la AN su agudización en la población infantil y exigimos la aplicación de medidas de protección en hospitales.

Esta emergencia humanitaria compleja está comprendida, en mi criterio, en el nuevo concepto de seguridad hemisférica multidimensional que incluyó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) a partir de 2003 en México, donde se hizo una modificación y se declaró la importancia y utilidad de este acuerdo para considerar nuevos factores de riesgo para la seguridad
y la paz de la región, como la pobreza, el narcotráfico, el terrorismo, la violación de los derechos humanos y la democracia representativa, entre otros factores.
@williamsdavila



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