El día que me drogaron y robaron en el Metro de Caracas (+Crónica)


Después de comernos un sushi barato cada uno tomó su rumbo. Él a la Línea 2 del Metro de Caracas, yo a la Línea 3. Por ser su cumpleaños insistí en que no me acompañara hasta mi casa.

Antes de hacer la transferencia en Plaza Venezuela le avisé a mi mamá que iba en camino, todavía se estresa si no sabe de mí por muchas horas. “Voy por Ciudad Universitaria”, fue el mensaje. Supe que no tendría señal hasta llegar a esa estación.

Llegó el tren. Empujones, codazos y gritos es lo común. Pero ¿pellizcos? Fue eso, o no sé. Yo sentí un pellizco. Luego algo que me presionaba en la espalda. Me volteé a reclamar, si alguien te “pellizca” tiene que ser con toda intención. En cuestiones de segundos me sacaron el celular. Manos de seda, o quizá no tanto, porque me di cuenta. Pero apenas empecé a reaccionar, el tren cerró sus puertas. Adiós teléfono.

“Me robaron el celular N0 J*D4”, pensé.

Vi la hora para recordarla al momento de bloquear la línea. Respiré profundo y a los 10 minutos comencé a notar unos puntos negros. Nunca me había desmayado, no sabía qué pasaba. Cada vez todo se veía más negro. Me agarré del brazo de un desconocido y le dije “chamo, me siento mal. Sácame de aquí”. Alcancé a escuchar algo como “estás pálida. Tienes los labios blancos”, y me desmayé.

No recuerdo nada hasta que estaba llegando a la caseta de operadores de Plaza Venezuela. Aún me sentía mareada. Me dejaron entrar a los putrefactos baños del Metro y al oler alcohol volví completamente en mí. Vi la hora, no habían pasado ni cinco minutos desde que miré el reloj abajo en el andén, antes de desmayarme.

No entendía qué había pasado. Nervios no eran, a mí me da es por llorar cuando estoy nerviosa. Llegué a mi casa y aún me sentía adormecida. Así pasé el resto del día. Al principio pensé que era el despecho por el celular. Días después me explicaron que solo había una explicación lógica: te drogaron, Carolain.

Tuve que esperar dos semanas para poder volver a entrar a una estación de Metro sin sentir pánico. Cuando por fin me atreví, otra vez iba con mi novio. Con su actitud de superhéroe se puso detrás de mí mientras hacíamos la transferencia. “No vaya a ser que te roben el teléfono nuevo”, me dijo. Lo robaron a él.



Fuente original Caraota Digital

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