Régimen forajido cercado – Caraota Digital


Williams Dávila
Diputado 

Diversos acontecimientos internacionales se han dado en las últimas semanas, de los cuales destacan dos: el reconocimiento del gobierno democrático del presidente Juan Guaidó en la 49 Asamblea General de la OEA; y el informe de la alta comisionada de los derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet. Ambos acontecimientos determinan un curso de acción con piso firme para el cese de la usurpación.

Los eventos internacionales deben sincronizarse con las acciones nacionales. Esta construcción de capacidades no hay que analizarla con un pensamiento reduccionista, ya que prevalece la complejidad porque todo está atado con un nudo giordano que, para que tenga sentido, se debe llegar al objetivo político.

No es estar con manos atadas e impedir la opinión crítica constructiva. El hecho es que en todos los tableros hay que jugar mientras tengamos resquicios por medio de los cuales se ahonde la crisis y se aprovechen las contradicciones de la usurpación para avanzar en el objetivo de todos, que es el cambio de régimen.

Venezuela es muy importante para la paz de la región, que corre el riesgo de romperse no porque se den conflictos armados. El sustrato de todo, principalmente, es la presencia de un Estado fallido que se sustenta en la presión y apoyo de grupos irregulares, el narcotráfico, militares corrompidos, etcétera, que destrozan la vida del pueblo solo para mantenerse en el poder.

Nos toca a nosotros luchar para que se mantenga encendida la lámpara de la fe, se mantenga viva la esperanza. Y para consolidar estos valores se requiere estrategia y unidad.

Estoy seguro de que habrá un cambio. Venezuela no aguanta un día más este régimen corrupto, expoliador y violador de los derechos humanos. La operación tenaza en lo internacional está funcionando, el régimen no cuenta con apoyos sinceros porque solo prevalecen en esos apoyos el interés económico y financiero.

La oposición ha avanzado mucho y sobre todo no se ha ensuciado con la macabra estrategia del régimen.  No hemos utilizado sus estrategias de aniquilamiento aun cuando cabría una reacción por un principio de legítima defensa, principio que hasta la Carta de la ONU reconoce a los países que han sido víctimas de agresión o ataque militar.

Algo muy importante a resaltar es la carga ética de nuestros planteamientos, lo que ha logrado romper los blindajes internacionales que quiso construir el proyecto populista del socialismo del siglo XXI.

Hemos avanzado construyendo las capacidades que el presidente Juan Guaidó ha planteado. Un ejemplo es el apoyo en la OEA y las informaciones y pruebas que todos los sectores del país, en el transcurso de tantos años, lograron recabar y entregar a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y otras organizaciones internacionales. Este esfuerzo se concretó en ese documento, contundente y desencadenante documento que elaboró la alta comisionada de los derechos humanos, Michelle Bachelet.

Ahora es cuando vendrán más decisiones y actuaciones de la comunidad internacional.  Nos toca mantener la fe y la disciplina.



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