La guía de National Geographic para hacer ‘Island Hoping’ y conocer lo mejor y más recóndito de Galápagos | Ecuador | Noticias | www.eluniverso.com


«No existe ningún lugar en el mundo como las islas Galápagos», dice National Geographic sobre el archipiélago de Ecuador, ubicado en medio del océano Pacífico, en una nota en la que –además de resaltar sus encantos– recomienda a los viajeros cómo hacer ‘Island Hoping’ (alojamiento en tierra e ir saltando de isla en isla) para conocer lo mejor y más recóndito de este patrimonio natural de la humanidad.

En Galápagos no es posible moverse libremente por todo el archipiélago, salvo en torno a los núcleos habitados de las cuatro islas principales: Santa Cruz, San Cristóbal, Isabela y Florena, donde hay espacios recreacionales acotados, en los que para acceder basta con anotar el nombre en las correspondientes oficinas de los guardaparques. El resto de los 70 lugares autorizados para las visitas en todo el archipiélago hay que verlos en grupos organizados y con guías oficiales.

Pero si eres un privilegiado y dispones de muchos días, podrás hacer alojamiento en tierra e ir saltando de isla en isla, como dice National Geographic.

¿Cuáles son las islas más recomendables para visitar en Galápagos?

Para empezar, dice la publicación, está la isla Isabela, la más grande de todas y la de paisajes más espectaculares. Al ser una isla muy joven, su edificio volcánico está casi intacto lo que garantiza unas fotografías sobrecogedoras, en especial por la costa oeste, en el canal de Bolívar. En Isabela viven los famosos cormoranes no voladores –un caso único en el mundo– y la comunidad de pingüinos más grande Galápagos. Su capital y único lugar habitado –donde están por tanto todos los servicios– se llama Puerto Villamil.

Otra isla muy concurrida y con muchos servicios es San Cristóbal, donde está Puerto Baquerizo Moreno, la capital de Galápagos. Dispone de todo tipo de alojamientos y servicios. Allí está el centro de crianza de tortugas gigantes Jacinto Gordillo.

A las afueras del pueblo se construyó un centro de interpretación muy moderno y bien equipado que conviene visitar para conocer más sobre este singular archipiélago.

Allí mismo empieza un sendero pavimentado que sube hasta un mirador (en el Cerro Tijeretas) y luego baja a Playa Baquerizo, la bahía donde atracó por primera vez Charles Darwin cuando llegó en 1835. Una estatua muy fotografiada recuerda este hecho.

También merece la pena ir hasta la Punta Pitt, en el oriente de la isla, donde se extiende una playa enorme en la que sestean grandes machos de lobo o león marino.

La isla más visitada es Santa Cruz, porque en un islote vecino (base militar de Baltra) se construyó el primer aeropuerto de Galápagos, el más grande del archipiélago y que recibe más vuelos que el de San Cristóbal (ambos tienen conexión con Ecuador continental). Su capital es Puerto Ayora, que con más de 30.000 residentes constituye la mayor concentración humana de las islas.

En Santa Cruz la acción humana ha modificado bastante su paisaje, pero tiene varias visitas imprescindibles. Una de ellas es el centro de cría de las tortugas galápagos gigantes en cautiverio que hay junto a la Estación Científica Charles Darwin, a las afueras de Puerto Ayora.

El de Santa Cruz es uno de los tres centros –los otros están en Isabela y San Cristóbal– que han permitido la recuperación de 10 de las 14 especies de tortugas que había en las islas antes de que la matanza indiscriminada casi acabara con ellas en el siglo XIX.

Aquí vivía el legendario Solitario George –el último ejemplar de tortuga de la isla Pinta, que murió en 2012 sin dejar descendencia– y aquí vive Diego, la tortuga más longeva que ahora mismo se conoce y que permitió recuperar la especie endémica de la isla Española, que había desaparecido de su hábitat natural.

Mucho más tranquila y relajada es la vida en Floreana, una isla pequeña con apenas 200 habitantes y media docena de hoteles, perfecta para quienes vayan buscando una estancia más sosegada. Se puede hacer buceo o solo snorkel, ascender a pie hasta la cumbre del volcán o dar un paseo por la laguna en busca de colonias de flamencos que fotografiar.

Las islas más desconocidas de Galápagos

Quienes opten por una estancia a bordo de un barco podrán ver estos lugares y también islas deshabitadas a las que solo se puede ir navegando. Por ejemplo, la Española. Un pedazo de roca plano, ubicado en el extremo sur del archipiélago y rodeado de aguas muy ricas en nutrientes porque es la primera isla que recibe la corriente de Humboldt.

Esto la ha convertido en un gran santuario de aves marinas. Un paseo por el único sendero autorizado de la isla permite ver y fotografiar cientos de piqueros de varios tipos, cormoranes, fragatas o gaviotas.

Además hay una enorme colonia de iguanas marinas que toman el sol indiferentes a los visitantes en el mismo muelle de atraque, sin importarles que alguien les ponga el objetivo de la cámara a un palmo de sus narices.

Otra isla a la que hay que llegar en excursiones organizadas en barco es Bartolomé, la más cinematográfica de todas. Aquí se rodaron muchas escenas de Master and Commander(2003), la película basada en las novelas de Patrick O’Brian y protagonizada por Russell Crowe. ¿Quién no recuerda el pérfido navío francés Achelon apareciendo de repente tras un negro pináculo de las Galápagos? Pues ese pináculo –restos de un viejo cono volcánico que emerge en forma puntiaguda– está en la costa de Bartolomé.

La isla tiene maravillosos e inalterados paisajes volcánicos y un sendero habilitado por el parque para ver fauna y fenómenos magmáticos. Se permite el baño en la cala del Pináculo, donde hay posibilidad de hacer snorkel entre lobos marinos y pingüinos.

Fascinación submarina

Quien sepa bucear y quiera vivir una experiencia única, tiene que ir a Wolf y Darwin, las dos islas más alejadas del archipiélago: unas 26 horas de navegación desde Santa Cruz. ¿Por qué? Pues porque si la fauna de Galápagos es rara, única y sorprendente en superficie, por debajo de ella lo es todavía más.

Los fondos marinos de Galápagos se cuentan entre los más intactos y con más abundancia de fauna del planeta. Una riqueza biológica que aumenta durante la temporada seca, desde finales de agosto hasta mediados de noviembre, cuando gracias a esas tres grandes corrientes oceánicas que aquí confluyen (Humboldt, Panamá y Cromwell) el archipiélago se convierte en una gigantesca sopa de plancton que atrae a los grandes viajeros del océano, mamíferos marinos, cardúmenes de enormes de tiburones y peces pelágicos que llegan atraídos por la abundancia de comida.

En busca del tiburón ballena

El tiburón ballena es el más codiciado de los animales acuáticos que pueden verse en las Galápagos. De este monstruo apacible –un escualo con tamaño de ballena que solo come plancton– se sabe muy poco. Vaga por los mares en busca de alimento y aparece en lugares muy concretos en fechas muy señaladas. Como la remota isla de Darwin durante la temporada seca, cuando los tiburones ballena navegan sin parar, siempre a contracorriente, abriendo y cerrando la enorme boca, dejando que toneladas de agua cargadas de alimento se filtren por sus branquias y llenen su estómago.

Para un amante de la vida marina, una inmersión en Darwin viendo no solo tiburones ballena, sino también grandes bancos de tiburones martillo, seda ogalapagueños, grandes tortugas verdes, grupos de delfines nariz de botella, cardúmenes de barracudas y jacks, algún tiburón de puntas blancas, lobos de mar, rayas o águilas de mar es un festín que no olvidará en la vida. Y que confirma que el archipiélago de Galápagos, en superficie o por debajo de ella, es un lugar único en el mundo.

Las distancias entre islas son grandes. Quien se aloje en un punto concreto solo podrá ver lugares cercanos a ese punto. En cambio, quien se instale en un tour en barco –aunque resulta más caro que un hotel– se podrá desplazar cada día a localizaciones diferentes y acceder a las islas más remotas y alejadas. Varias compañías autorizadas ofrecen estancias desde tres a quince días.

Tenga en cuenta que la fama de islas remotas no es baladí. Galápagos tiene un número máximo de visitantes autorizados, por lo que quien quiera viajar hasta allí debe contactarse con el hotel o el barco elegido y reservar plaza para las fechas deseadas con mucha antelación.

Le pedirán hacer un registro en la página web del Consejo de Gobierno de Galápagos detallando las fechas y el tipo de alojamiento. Si hay plazas, recibirá un correo electrónico autorizando la entrada a Galápagos previo pago de una tasa de acceso de 100 dólares (para los turistas extranjeros). (I)





Fuente / Créditos: www.eluniverso.com

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