Paccha mantiene vivas sus leyendas, oficios y tradiciones | Intercultural | Noticias | www.eluniverso.com


Cuenca –

Paccha es una parroquia rural distante a 11 kilómetros de Cuenca. Su gente mantiene vivas las leyendas y oficios que se remontan a los años previos de la fundación de Cuenca, en 1557, y aún es fácil encontrar a artesanos que realizan trabajos en totora, a paisanos que cuenten la leyenda del cerro Guagualzhumi o a un devoto que se refiera a la celebración religiosa de la Virgen de los Dolores.

El ingreso a este poblado es por la vía Cuenca-Azogues. Gran parte de las viviendas son modernas y hay pequeños negocios. Pero entre las construcciones de estilo minimalista están las casas de antaño, elaboradas con adobe y tejas.

Como parroquia eclesiástica, Paccha tiene 438 años de creación y hay símbolos religiosos por doquier. En una casa esquinera resalta una gran cruz de color verde en el segundo piso. En una esquina del parque central hay otra, que tiene tallado en el centro un corazón rojo, y frente al templo está una más pequeña, de piedra.

Pero la parte religiosa está arraigada como sus raíces indígenas. Así exponen diferentes investigaciones que sostienen que Paccha existe desde antes que Cuenca. En kichwa, el nombre alude a los surtidores de agua naturales que los indígenas tomaban de las montañas y los recogían en cántaros. Luego, con la imposición católica, el nombre que le dieron los frailes fue San Francisco de Paccha.

En los barrios alejados hay personajes que mantienen oficios que han subsistido a la tecnología y se han transmitido por conocimiento de los mayores. Así, por una vía de segundo orden se llega al barrio Aushangata, lugar donde vive Narcisa Landi con su familia.

En la pared exterior de su casa se lee: “Carpintería, arte en totora”. Y dentro de un cuarto, la mujer desarrolla su creatividad como fuente de sustento.

En el fondo están las ramas de totora y a un costado todo lo que de ahí produce. Hay cojines, sopladores para carbón, esteras (alfombras), marcos, espejos, muebles, jarrones de barro revestidos y una canasta para llevarla al mercado, que sustituye a las bolsas plásticas.

Orgullosa, Narcisa Landi cuenta que esta labor la heredó de sus antepasados, incluidos todos los secretos, subraya. Uno es escoger la mejor materia prima, porque el tejido es bastante tenso y la totora debe estar en el mejor estado, dice.

El producto final es atractivo y elegante, pero detrás hay un proceso que incluye el cultivo y la cosecha de esta planta, que también realiza Narcisa.

El precio final, sostiene, no representa el esfuerzo, pero indica que seguirá con el oficio y la tradición.

Paccha también es conocida por estar asentada en las faldas del cerro Guagualzhumi, un emblemático lugar al que acuden deportistas para coronar su cumbre y tener una envidiable vista de Cuenca. Esa loma también guarda una leyenda.

Los mayores cuentan que ahí está enterrado el oro de los incas y que vive la ‘Huaca’, es decir, la protectora del dios Guagualzhumi y de la laguna de Quituiña.

En la vía que conduce al cerro hay locales de comida tradicional. Ahí ofrecen pan elaborado en horno de leña. Sandra Calle es una de las artesanas.

Dice que hace 16 años heredó el oficio de su suegro, Manuel Guapizaca, quien falleció la semana pasada después de más de 60 años como panificador.

Los tradicionales mestizos, la rodilla de Cristo, la empanada o la chola son solo cuatro de las variedades de pan que aquí preparan con harina, levadura, huevos, manteca, panela y quesillo. (F)

Parroquia cuencana

El costo de las artesanías depende de la materia prima y del tiempo de elaboración. Así, hay sopladores para el carbón a $1,50, un marco a $15 y una estera para una cama de dos plazas a $10.





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